Mostrando entradas con la etiqueta soy poeta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta soy poeta. Mostrar todas las entradas

jueves, 8 de diciembre de 2016

Hombre de las siete leyes.

Gracias totales.
Gracias por conjurar el hechizo que atrapó mi atención.
Gracias por tus ojos espectaculares, chispeantes, enteramente mágicos.
Gracias por tu cuerpo hecho a mano por algún dios del Olimpo.
Gracias por tus manos poderosas y sabias.
Gracias por aparecer. Gracias por no dejarme ignorarte.

Gracias, gracias, gracias...
Eres perfecto. Espectacular. Absolutamente deseable.
Gracias por venir a abrir las puertas.
Gracias.
Bendigo tu llegada y te deseo lo mejor.
Gracias hombre de las siete leyes.

Barquisimeto, 09 de noviembre de 2016.

P.D.
Porque es hora de volver a florecer.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Epílogo

Por eso algunos somos poetas y otros no…
Porque donde los primeros vemos naciones,
Los otros no ven a nadie.

Y donde hay multitudes yo puedo ver soledades.


Epílogo

Señores, ya no hay “Nada” que escribir.
“Nadie” se volvió tan genérico que no vale la pena escribirles
De Nada ni de Nadie.

Por eso, este es el fin de este libro.

13 de julio 2010

miércoles, 26 de octubre de 2016

A quien pueda interesar

Esta no es una disculpa, tampoco una explicación o excusa...
Es más bien un desahogo de mi alma.


A quien pueda interesar:

Mi Amor no es fácil.
Yo soy muchas cosas, pero ninguna de ellas es fácil. A veces puedo ser práctica, pero creo que eso me hace más complicada.

El infierno y el cielo no son lugares físicos ni geográficos. Son estados mentales.
Los demonios viven en nuestra alma alimentándose de nuestra oscuridad hasta que decidimos aceptarlos y sentarnos a la mesa con ángeles y demonios, dejando de lado cualquier complejo de juez.

Perdón. Yo no sabía esto cuando te amaba y mis demonios se alimentaron de mi miedo a perderte, porque ¿Sabes? Perderte era lo único que temía. Y fueron los demonios que habitan en mí quienes nos hirieron a ambos. Disculpa a esta mujer que te amó tanto pero no supo defenderte. Discúlpame por haberte amado de esa manera irracional que lastima tanto. Es que yo no sabía cómo amar.

Te perdí y creo que contigo perdí algo de mi alma que no logro identificar bien.
Perdón mi Amor...

Te pido perdón porque te lastimé y porque tu dolor es un precio muy alto para mi torpeza.
Quisiera haberte amado distinto y poder pasar la vida a tu lado.
La verdad no me resigno y aún espero que las estrellas te traigan de vuelta a nuestro hogar, pero debo confesarte que no soy la misma y temo que tampoco te guste lo que te está esperando. Por eso creo que te he perdido para siempre y me cuesta tanto respirar.

Mi Amor, mi Rey, mi vida, mi Nada... No me conformo con haberte amado para perderte, no me conformo con descubrir en ti un hogar para quedar huérfana. 


Carta sin fecha.

P.D.: Gracias totales mi querido Nada. El Amor es la fuerza que mueve al Universo.
Se te ama y se te desea la felicidad total.
Nos vemos en el próximo Universo, con otro Sol, con otras estrellas; mientras tanto cuídate, cuida de tu alma para que crezca, dale sol y café caliente en las mañanas, rodéate de Amor del bueno, de Ágape; sonríe, por favor, juega con la seriedad con la que lo hacen los niños, come helado y papas fritas, haz el amor a la luz de las estrellas y deja que el Amor te haga a ti. Sé la mejor versión de ti mismo. El mundo se merece tu luz. Tú te mereces brillar.
Hasta siempre amigo de mi alma, eterno deseo insatisfecho, Amor loco. Hasta la próxima galaxia.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Dolor Anónimo




Hay dolores que tienen nombre y apellido,
Que tienen una cara y un cuerpo.
Y son puntuales.
Llegan, y sabes dónde y cómo duelen.
Son esos dolores que llegan en ciertas fechas del año,
Que resucitan al escuchar alguna canción,
O cuando algún indolente te recuerda alguna herida del pasado.

Esos dolores se quitan rápido.
Ya sabes cómo tratarlos para que vuelvan al rincón obscuro en el que suelen vivir.

Hay otros que son anónimos.
Se esconden en cualquier lugar y te atacan de improviso.
No tienen fecha, hora, ni nombre.
Son escurridizos y pequeños.
Y aún la ciencia no les ha conseguido cura.
Vienen y van con la brisa, la noche o el día.

Son nostalgias.
Pero no se sabe con certeza de qué.
De la infancia... tal vez.
O de una vida que es mía, pero que no he vivido.

Lo cierto es que esos dolores, y sólo esos,
Hacen que la luna hable, que las estrellas rían, lloren o florezcan,
Que las flores me cuenten sus tragedias y alegrías.
Son esos los dolores que me hacen estar un poco loca,
Ser un poco poeta,
Y por sobre todo, ser una niña feliz.

1 de junio 2008

jueves, 18 de julio de 2013

Buscando a Stephanie


Entre tantas frases de Neruda (y poemas y odas y un sin fin de letras), hay una que está llamando, poderosamente, mi atención.
Dice lo siguiente: "Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas".
Desde los anales de la historia el hombre ha tratado de responder una serie de preguntas sobre su origen, su función y su destino. Y la más apremiante de ellas ha sido ¿Quién soy?.
Es fácil hacer la pregunta y la sociedad nos lanza una serie de etiquetas y patrones en los que nos obligamos a calzar, sin lograrlo del todo. Nos torturamos, mutilamos y retorcemos para adaptarnos a las exigencias de no se sabe quien.

No sé ustedes, pero cuándo era una niña , tenía claro quién era y lo que quería. Si algún profesor con aires de sabelotodo me hacia un test de personalidad y preguntaba quién era yo, yo respondía que era Stephanie y quedaba satisfecha aunque mi profesor tachase la respuesta.
El punto es que cuando somos niños no nos obligamos a encajar en etiquetas porque no es nuestra naturaleza, pero al ir creciendo aprendemos que cuando somos auténticos el mundo puede darnos la espalda y quitarnos su amor.

Es difícil, después de adultos, mirarnos a nosotros mismos, evitando ponernos etiquetas de "Soy gordo", "Soy buena", "Soy torpe", "No sé esto o aquello" y aceptar el ser perfecto que Dios creó y que somos.
Reconocernos, aceptarnos y aprobarnos es una tarea casi imposible si nos dejamos llevar por los estándares de afuera y seguimos atropellando al niño que una vez fuimos y que sabe muy bien quién es.

No sé ustedes, pero yo quiero ser la mujer que más admire la niña que fui una vez. Quiero ser, todos los días de mi vida, yo misma, aunque eso me ponga al margen de los caminos trazados por otros a quienes yo no conocí. Quiero ser la mujer que enseñe a mis hijos a ser auténticos, originales, irrepetibles. Quiero amarme a pesar de mis defectos y darme el permiso de amar otros. Quiero ser feliz. Quiero llorar o reír a mis horas, aunque el mundo me diga que es inapropiado.

En fin, quiero ser muchas cosas, todas a la vez y una por una y un día que puede ser mañana, cuando esté frente a mi creador, voy a poder decirle que fui todo lo que pude, que lloré de emoción con los amaneceres, que reí a carcajadas en los funerales, que celebré mis desaciertos, fracasos y mis días grises, que oré y sentí pánico en mis triunfos, que me callé y que grité, que escribí para sanar mi alma y sané las de otros. Que fui mala, que fui buena, que fui loca y fui cuerda, que fui alegre y que fui melancólica, que fui práctica y melodramática, que fui muda y que fui cantante, que fui poeta y analfabeta, que viví y que maté, que herí y que sané, que olvidé y que recordé.

Quiero ser yo, aunque eso signifique no ser la más buena, ni la más acertada.
Yo soy Stephanie. A veces soy algunas cosas, suelo cambiar con bastante frecuencia, de rumbo de ideas, lo que creía ayer puede ser que hoy no lo crea, lo que fui ayer, tal vez, no lo sea mañana. Tengo montones de defectos y un sinfín de virtudes.

Voy rumbo a encontrarme a mí misma. Me gusta lo que veo en la distancia.
Les deseo un buen viaje.

07 de julio 2013