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miércoles, 24 de mayo de 2017

Sobrevivirte


Esta locura, este torbellino de emociones que me abruma.
Esta tristeza que se instaló aquí, justo aquí, en mi caja torácica y que presiona y presiona sin tregua.
Esta arritmia que se apoderó de mis latidos.
Y el incesante lagrimeo de mis ojos que desconoce de convencionalismos.
Las fases del sueño olvidaron su orden. La vigilia me asalta cuando mi lado del planeta duerme.
Mis relaciones con el resto de la humanidad, se resumen a que suelo olvidar que existe la humanidad.

Te voy a contar un secreto a voces:
Te has superado a ti mismo en romperme el corazón.

Nada, eterna Nada, de todas las promesas que no cumpliste esta fue la peor. Olvidaste que prometiste dejarme morir primero, para evitarme este dolor.

Te sobrevivo y te respiro.
Prometí hacerte inmortal, y lo haré.
Pero hoy, te digo con toda mi responsabilidad:
Cuánto te odio por causarnos esta herida!


El Tocuyo, 24 de mayo 2017
0300
La tierra volvió a girar sobre su eje

jueves, 24 de noviembre de 2016

Epílogo

Por eso algunos somos poetas y otros no…
Porque donde los primeros vemos naciones,
Los otros no ven a nadie.

Y donde hay multitudes yo puedo ver soledades.


Epílogo

Señores, ya no hay “Nada” que escribir.
“Nadie” se volvió tan genérico que no vale la pena escribirles
De Nada ni de Nadie.

Por eso, este es el fin de este libro.

13 de julio 2010

jueves, 27 de octubre de 2016

Mi libro prohibido

No debí abrir aquel libro.

Yo lo sabía.
No debía abrir aquel libro.
Su misión era quedarse en un rincón de mi vieja biblioteca,
Lleno de polvo como algún olvidado tesoro.

No debí abrir aquel libro.

¡Qué triste! ¡Que vacío me dejaron sus hojas!

Y era bello.
Y su aura de misterio me sedujo.

Yo no quería abrirlo,
Porque sólo los libros que no hemos leído nos hacen volar. 
Yo quería guardarlo por siempre y no leerlo.
Yo quería soñar con lo que tenía escrito.
Yo quería inventarme la mejor historia y pensar que era la que estaba escondida allí.
Yo quería y no quería.

Él estaría lleno de rocío entre mis historias marchitas de deseos.
Lo miraría con nostalgia y amor en mis horas solitarias.
Y en él amaría a quien no conozco y espero.
Él era mi libro prohibido.

Pero lo abrí.
Y una vez abierto, lo leí.
¿Cómo evitarlo?

Y no me gustó.
No me gustó ni la forma ni el fondo.
No me gustó.

Ahora mi libro prohibido, el que no debí leer.
El tuyo.
Ahora sólo forma parte de un estante de libros olvidados:
Que no volveré a leer.


18 de junio 2008