¡Qué vivan las crisis!
¡Qué viva el desorden!
Amigos míos, hoy brindo por todo lo que me saca de mi zona de confort.
Es increible cómo de situaciones dolorosas, difíciles, poco cómodas, salen bendiciones tan inverosímiles.
Así que tengo el propósito de celebrar y agradecer aquello que me contraría.
Ojo, y no por vicio o masoquismo, sino porque las mejores mieles suelen dejarnos algunas picadas, las cuales hoy no veré como peaje, sino como recordatorio de que estar vivo es sentir, aunque a veces ese sentir se torne doloroso.
Entonces a celebrar crisis que transforman, dolores que maduran, duelos que nos humanizan, pérdidas que no dejan otra opción que el crecimiento.
A celebrar desórdenes que nos obligan a limpiar y tirar todo lo que no sirve, que nos obligan a priorizar.
A celebrar esos roces, esas aristas que nos pulen.
17 de Mayo 2015.
