miércoles, 25 de marzo de 2015

Dolor Anónimo




Hay dolores que tienen nombre y apellido,
Que tienen una cara y un cuerpo.
Y son puntuales.
Llegan, y sabes dónde y cómo duelen.
Son esos dolores que llegan en ciertas fechas del año,
Que resucitan al escuchar alguna canción,
O cuando algún indolente te recuerda alguna herida del pasado.

Esos dolores se quitan rápido.
Ya sabes cómo tratarlos para que vuelvan al rincón obscuro en el que suelen vivir.

Hay otros que son anónimos.
Se esconden en cualquier lugar y te atacan de improviso.
No tienen fecha, hora, ni nombre.
Son escurridizos y pequeños.
Y aún la ciencia no les ha conseguido cura.
Vienen y van con la brisa, la noche o el día.

Son nostalgias.
Pero no se sabe con certeza de qué.
De la infancia... tal vez.
O de una vida que es mía, pero que no he vivido.

Lo cierto es que esos dolores, y sólo esos,
Hacen que la luna hable, que las estrellas rían, lloren o florezcan,
Que las flores me cuenten sus tragedias y alegrías.
Son esos los dolores que me hacen estar un poco loca,
Ser un poco poeta,
Y por sobre todo, ser una niña feliz.

1 de junio 2008

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