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miércoles, 28 de diciembre de 2016

Testigo ilegítimo

La sangre huyó de mis labios.
Sentí como mis manos se iban helando.
Era casi imposible moverme.

El tiempo y el espacio se alteraron.

Tu padre no apartaba su vista de ti.
Yo trataba de cubrir tus heridas, como si con taparlas dejaran de doler.

Mi voz rompe cadenas, ahuyenta a los demonios,
pero esa mañana no lograba salir de mi garganta.

Te observé apretar la mano de tu padre, 
fui testigo de tu último suspiro.
Corrimos tratando de atraparlo,
entré a la sala contigo.
Vi a los médicos luchando, heroicos.

Pero nadie logró devolverle el aliento a tus pulmones,
el latido a tu corazón.
No se rasgó el cielo, no se detuvo la tierra.

Nada, no pasó nada.
Una mujer habló:
"Hay que declararlo"
Alguien respondió: 
"01:35"

Yo fui testigo ilegítimo.
Ellos no sabían que estaba allí.
Me acerqué.
Pedí permiso para acercarme a ese cuerpo que conocía mejor que al mío, 
pregunté si podía limpiarte...

Fueron mis manos las que retiraron cada aguja, cada venda.
Ayudé a cubrir tu cuerpo con sábanas azules, 
dije tu nombre un millón de veces, lo escribí cuantas veces lo pidieron.
Mis manos temblaban más de lo que yo esperaba.
Colocaron una etiqueta con tu nombre sobre tu cuerpo.
Y empezaste a dejar de ser tú.

Marché a tu lado.
Te rendí honores.
Mis pasos fueron firmes y seguros.

La muerte no se iba.
Se plantó tan eterna como de costumbre.

Pretendían que abandonara tu cuerpo en el reino de los muertos
a merced de las moscas.
Sólo recuerdo sentarme allí, sobre un escritorio gris.

Llegaron a buscar tu cuerpo. 
Lo metieron en una bolsa azul...
En una bolsa.
En una bolsa.
Tu cuerpo, mi cuerpo, ese cuerpo...

Cruzamos la ciudad.
Fuimos a dar a la siguiente morada de la muerte.
Me prohibieron el paso.

Cerraron las puertas y aunque mis pulmones funcionaban, sentía la asfixia de tu cuerpo.



Todo eso ocurrió hace mil años, o una semana... 
No estoy segura. 
Como te dije, el tiempo y el espacio fueron alterados.
Sólo sé que el cielo parece inmutable ante esta locura.


El Tocuyo, 28 de diciembre de 2016.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Soneto XVII

No te amo como si fueras rosa de sal, topacio 
o flecha de claveles que propagan el fuego: 
te amo como se aman ciertas cosas oscuras, 
secretamente, entre la sombra y el alma. 
Te amo como la planta que no florece y lleva 
dentro de sí, escondida, la luz de aquellas flores, 
y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo 
el apretado aroma que ascendió de la tierra. 
Te amo sin saber cómo, ni cuándo, ni de dónde, 
te amo directamente sin problemas ni orgullo: 
así te amo porque no sé amar de otra manera, 
sino así de este modo en que no soy ni eres, 
tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía, 
tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño.

(Pablo Neruda)

jueves, 8 de diciembre de 2016

Hombre de las siete leyes.

Gracias totales.
Gracias por conjurar el hechizo que atrapó mi atención.
Gracias por tus ojos espectaculares, chispeantes, enteramente mágicos.
Gracias por tu cuerpo hecho a mano por algún dios del Olimpo.
Gracias por tus manos poderosas y sabias.
Gracias por aparecer. Gracias por no dejarme ignorarte.

Gracias, gracias, gracias...
Eres perfecto. Espectacular. Absolutamente deseable.
Gracias por venir a abrir las puertas.
Gracias.
Bendigo tu llegada y te deseo lo mejor.
Gracias hombre de las siete leyes.

Barquisimeto, 09 de noviembre de 2016.

P.D.
Porque es hora de volver a florecer.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Polvo eres y polvo serás

Nos dejaste un legado de polvo y gusanos.

No más.

Eso fue lo que quedó de ti.
¿Dónde quedaron las risas?

No podías dejar más que escombros,
porque eso eres.
No se puede dar lo que no se tiene.

Tú no tienes Amor.
No tienes idea de con qué se come eso.

Miércoles, 20 de julio 2010