Él le dió la espalda.
Se alejó pensando que la dejaba.
Ella se quedó inmovil.
Sin poder respirar, pensando que todo había terminado.
¡Pobres ilusos!
No sabían que se abandonaban a ellos mismos.
Él, dejó la piel en sus manos.
Ella se fue detrás de él.
¡Qué soledad les esperaba a ambos!
Hoy se miran con indiferencia.
Ambos tienen la sabiduría de no acercarse mucho.
Hoy son felices en sus mundos.
Hoy ya no hablan.
Hoy son dos extraños.
¡Pero cuánto se extrañan!
28 de septiembre 2013
