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sábado, 5 de noviembre de 2016

Prefiero ser mariposa.

Después de todo, los capullos no deben ser muy cómodos.

La pobre oruga ha de estar un poco apretada.
De seguro está tibia y segura,
Pero apretada.

Por eso prefiero a las mariposas.
Ellas pueden ir de flor en flor,
Pavoneando su hermosura
Y jugando con los rayos del sol.

Han de enfrentarse a unas cuantas ráfagas de viento,
Y tal vez a la lluvia,
O peor aún, a algún pobre niño sin alma
Que quiera jugar con sus alas.

Pero ese, señores, es el milagro de estar vivo.
Nos enfrentamos a un mundo, que unas veces,
Quiere devorarnos y otras llenarnos de dicha.

Yo, en resumen, prefiero ser una mariposa con las alas rotas
a ser una oruga cómodamente paralizada en un cálido capullo.


12 de diciembre 2007

jueves, 18 de julio de 2013

Buscando a Stephanie


Entre tantas frases de Neruda (y poemas y odas y un sin fin de letras), hay una que está llamando, poderosamente, mi atención.
Dice lo siguiente: "Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas".
Desde los anales de la historia el hombre ha tratado de responder una serie de preguntas sobre su origen, su función y su destino. Y la más apremiante de ellas ha sido ¿Quién soy?.
Es fácil hacer la pregunta y la sociedad nos lanza una serie de etiquetas y patrones en los que nos obligamos a calzar, sin lograrlo del todo. Nos torturamos, mutilamos y retorcemos para adaptarnos a las exigencias de no se sabe quien.

No sé ustedes, pero cuándo era una niña , tenía claro quién era y lo que quería. Si algún profesor con aires de sabelotodo me hacia un test de personalidad y preguntaba quién era yo, yo respondía que era Stephanie y quedaba satisfecha aunque mi profesor tachase la respuesta.
El punto es que cuando somos niños no nos obligamos a encajar en etiquetas porque no es nuestra naturaleza, pero al ir creciendo aprendemos que cuando somos auténticos el mundo puede darnos la espalda y quitarnos su amor.

Es difícil, después de adultos, mirarnos a nosotros mismos, evitando ponernos etiquetas de "Soy gordo", "Soy buena", "Soy torpe", "No sé esto o aquello" y aceptar el ser perfecto que Dios creó y que somos.
Reconocernos, aceptarnos y aprobarnos es una tarea casi imposible si nos dejamos llevar por los estándares de afuera y seguimos atropellando al niño que una vez fuimos y que sabe muy bien quién es.

No sé ustedes, pero yo quiero ser la mujer que más admire la niña que fui una vez. Quiero ser, todos los días de mi vida, yo misma, aunque eso me ponga al margen de los caminos trazados por otros a quienes yo no conocí. Quiero ser la mujer que enseñe a mis hijos a ser auténticos, originales, irrepetibles. Quiero amarme a pesar de mis defectos y darme el permiso de amar otros. Quiero ser feliz. Quiero llorar o reír a mis horas, aunque el mundo me diga que es inapropiado.

En fin, quiero ser muchas cosas, todas a la vez y una por una y un día que puede ser mañana, cuando esté frente a mi creador, voy a poder decirle que fui todo lo que pude, que lloré de emoción con los amaneceres, que reí a carcajadas en los funerales, que celebré mis desaciertos, fracasos y mis días grises, que oré y sentí pánico en mis triunfos, que me callé y que grité, que escribí para sanar mi alma y sané las de otros. Que fui mala, que fui buena, que fui loca y fui cuerda, que fui alegre y que fui melancólica, que fui práctica y melodramática, que fui muda y que fui cantante, que fui poeta y analfabeta, que viví y que maté, que herí y que sané, que olvidé y que recordé.

Quiero ser yo, aunque eso signifique no ser la más buena, ni la más acertada.
Yo soy Stephanie. A veces soy algunas cosas, suelo cambiar con bastante frecuencia, de rumbo de ideas, lo que creía ayer puede ser que hoy no lo crea, lo que fui ayer, tal vez, no lo sea mañana. Tengo montones de defectos y un sinfín de virtudes.

Voy rumbo a encontrarme a mí misma. Me gusta lo que veo en la distancia.
Les deseo un buen viaje.

07 de julio 2013

Mi camino




El camino es largo y en apariencia solitario.
Asusta.
Sin embargo, he de recorrerlo.

En el punto de partido quedan todos y todo.
Y me dirijo a una nada aparente.
Todos mis prejuicios y miedos se ponen en pie
Para recordarme que nunca lo he hecho.
Me gritan que nunca lo lograré,
Que es "peligroso".
Mis deseos y apegos lloran y se lamentan
Convencidos de que todo lo perderé.

No he de negarlo...
Sus razones me convencen.

Pero es que llegó el tiempo de las "sinrazones"

22 de junio 2008