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jueves, 18 de mayo de 2017

La ciudad está vacía


Tú encabezas mi lista de promesas a olvidar.

Tú, eres la herida que me duele cuando no me duele.
Tú, eres el sol oscuro, el mar seco, el desierto mojado.
Tú y sólo tú...

Todo quedó a medias.
El Amor y el odio también.
El perdón y el castigo.

La vida fue muy corta.
Las Keres vinieron por ti y no hubo nada que hacer para oponerse.
Caronte adelantó su viaje.
Y yo no soy Orfeo.

Si tu ausencia era atroz, imagina cuán dolorosa es tu muerte.

La ciudad iba quedando vacía a medida que avanzábamos.
Vacía de ti. Vacía de todo.

El mundo está vacío de ti.
Lleno de tu silencio.


Jueves, 18 de mayo de 2017.
El mundo sigue girando contra todo pronóstico...

domingo, 30 de octubre de 2016

Principito.

¿Quién eres? ¿Dónde estás?
¿A qué hueles? ¿Cómo te ríes?
¿A qué sabe tu boca?
¿Te gusta besar?
¿Crees en las hadas?
¿Cuál es tu cuento favorito?
¿Te gusta el helado?, ¿Y el chocolate?
¿Tienes pesadillas?
¿Crees que la luna es de queso verde?
¿Crees en Zeus y en los dioses del Olimpo?
¿Rezas antes de dormir?
¿Crees en el niño Jesús?

¿Quién eres y dónde estás?
¿Dónde y cómo te busco?

¿Existes?

Esta cita sin fecha ni hora agota todos mis sentidos.

Y lo peor es que la esperanza también se ha vuelto impuntual.



12 de agosto de 2004

jueves, 18 de julio de 2013

Buscando a Stephanie


Entre tantas frases de Neruda (y poemas y odas y un sin fin de letras), hay una que está llamando, poderosamente, mi atención.
Dice lo siguiente: "Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas".
Desde los anales de la historia el hombre ha tratado de responder una serie de preguntas sobre su origen, su función y su destino. Y la más apremiante de ellas ha sido ¿Quién soy?.
Es fácil hacer la pregunta y la sociedad nos lanza una serie de etiquetas y patrones en los que nos obligamos a calzar, sin lograrlo del todo. Nos torturamos, mutilamos y retorcemos para adaptarnos a las exigencias de no se sabe quien.

No sé ustedes, pero cuándo era una niña , tenía claro quién era y lo que quería. Si algún profesor con aires de sabelotodo me hacia un test de personalidad y preguntaba quién era yo, yo respondía que era Stephanie y quedaba satisfecha aunque mi profesor tachase la respuesta.
El punto es que cuando somos niños no nos obligamos a encajar en etiquetas porque no es nuestra naturaleza, pero al ir creciendo aprendemos que cuando somos auténticos el mundo puede darnos la espalda y quitarnos su amor.

Es difícil, después de adultos, mirarnos a nosotros mismos, evitando ponernos etiquetas de "Soy gordo", "Soy buena", "Soy torpe", "No sé esto o aquello" y aceptar el ser perfecto que Dios creó y que somos.
Reconocernos, aceptarnos y aprobarnos es una tarea casi imposible si nos dejamos llevar por los estándares de afuera y seguimos atropellando al niño que una vez fuimos y que sabe muy bien quién es.

No sé ustedes, pero yo quiero ser la mujer que más admire la niña que fui una vez. Quiero ser, todos los días de mi vida, yo misma, aunque eso me ponga al margen de los caminos trazados por otros a quienes yo no conocí. Quiero ser la mujer que enseñe a mis hijos a ser auténticos, originales, irrepetibles. Quiero amarme a pesar de mis defectos y darme el permiso de amar otros. Quiero ser feliz. Quiero llorar o reír a mis horas, aunque el mundo me diga que es inapropiado.

En fin, quiero ser muchas cosas, todas a la vez y una por una y un día que puede ser mañana, cuando esté frente a mi creador, voy a poder decirle que fui todo lo que pude, que lloré de emoción con los amaneceres, que reí a carcajadas en los funerales, que celebré mis desaciertos, fracasos y mis días grises, que oré y sentí pánico en mis triunfos, que me callé y que grité, que escribí para sanar mi alma y sané las de otros. Que fui mala, que fui buena, que fui loca y fui cuerda, que fui alegre y que fui melancólica, que fui práctica y melodramática, que fui muda y que fui cantante, que fui poeta y analfabeta, que viví y que maté, que herí y que sané, que olvidé y que recordé.

Quiero ser yo, aunque eso signifique no ser la más buena, ni la más acertada.
Yo soy Stephanie. A veces soy algunas cosas, suelo cambiar con bastante frecuencia, de rumbo de ideas, lo que creía ayer puede ser que hoy no lo crea, lo que fui ayer, tal vez, no lo sea mañana. Tengo montones de defectos y un sinfín de virtudes.

Voy rumbo a encontrarme a mí misma. Me gusta lo que veo en la distancia.
Les deseo un buen viaje.

07 de julio 2013