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jueves, 8 de diciembre de 2016

Hombre de las siete leyes.

Gracias totales.
Gracias por conjurar el hechizo que atrapó mi atención.
Gracias por tus ojos espectaculares, chispeantes, enteramente mágicos.
Gracias por tu cuerpo hecho a mano por algún dios del Olimpo.
Gracias por tus manos poderosas y sabias.
Gracias por aparecer. Gracias por no dejarme ignorarte.

Gracias, gracias, gracias...
Eres perfecto. Espectacular. Absolutamente deseable.
Gracias por venir a abrir las puertas.
Gracias.
Bendigo tu llegada y te deseo lo mejor.
Gracias hombre de las siete leyes.

Barquisimeto, 09 de noviembre de 2016.

P.D.
Porque es hora de volver a florecer.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Epílogo

Por eso algunos somos poetas y otros no…
Porque donde los primeros vemos naciones,
Los otros no ven a nadie.

Y donde hay multitudes yo puedo ver soledades.


Epílogo

Señores, ya no hay “Nada” que escribir.
“Nadie” se volvió tan genérico que no vale la pena escribirles
De Nada ni de Nadie.

Por eso, este es el fin de este libro.

13 de julio 2010

Polvo eres y polvo serás

Nos dejaste un legado de polvo y gusanos.

No más.

Eso fue lo que quedó de ti.
¿Dónde quedaron las risas?

No podías dejar más que escombros,
porque eso eres.
No se puede dar lo que no se tiene.

Tú no tienes Amor.
No tienes idea de con qué se come eso.

Miércoles, 20 de julio 2010

domingo, 9 de octubre de 2016

Espejismo


¡Qué triste es darse cuenta de que se ama a un espejismo!

Hoy me he dado cuenta de que nuestra historia no existió.

¿Qué tenemos en común?
¿Quién eres?
¿Qué haces?
¿Qué sabes de mí?
¿Qué te gusta comer?
¿Te gusta comer?
¿Qué música oyes?
¿Quiénes son tus amigos?

¿Cómo es tu voz?
¿Qué sueñas mientras duermes?
¿Y qué mientras estás despierto?
¿Qué te gusta jugar?
¿A dónde vas cuando te sientes solo?
¿Qué haces cuando la melancolía te juega sucio?
¿Eres romántico?

¿Qué prefieres que te regalen: la luna, el viento, una sonrisa, las estrellas o una almohada?
¿Qué prefieres?
¿Qué hace reír a tu alma?
¿Cómo se llama tu ángel de la guarda?

Esta historia nunca existió.
Tú no me conoces y yo a ti tampoco.

No, no existe, fue mi imaginación, fueron mis ganas de amar,
 Fueron mis ganas de creer.



11 de agosto de 2004

jueves, 18 de julio de 2013

Buscando a Stephanie


Entre tantas frases de Neruda (y poemas y odas y un sin fin de letras), hay una que está llamando, poderosamente, mi atención.
Dice lo siguiente: "Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas".
Desde los anales de la historia el hombre ha tratado de responder una serie de preguntas sobre su origen, su función y su destino. Y la más apremiante de ellas ha sido ¿Quién soy?.
Es fácil hacer la pregunta y la sociedad nos lanza una serie de etiquetas y patrones en los que nos obligamos a calzar, sin lograrlo del todo. Nos torturamos, mutilamos y retorcemos para adaptarnos a las exigencias de no se sabe quien.

No sé ustedes, pero cuándo era una niña , tenía claro quién era y lo que quería. Si algún profesor con aires de sabelotodo me hacia un test de personalidad y preguntaba quién era yo, yo respondía que era Stephanie y quedaba satisfecha aunque mi profesor tachase la respuesta.
El punto es que cuando somos niños no nos obligamos a encajar en etiquetas porque no es nuestra naturaleza, pero al ir creciendo aprendemos que cuando somos auténticos el mundo puede darnos la espalda y quitarnos su amor.

Es difícil, después de adultos, mirarnos a nosotros mismos, evitando ponernos etiquetas de "Soy gordo", "Soy buena", "Soy torpe", "No sé esto o aquello" y aceptar el ser perfecto que Dios creó y que somos.
Reconocernos, aceptarnos y aprobarnos es una tarea casi imposible si nos dejamos llevar por los estándares de afuera y seguimos atropellando al niño que una vez fuimos y que sabe muy bien quién es.

No sé ustedes, pero yo quiero ser la mujer que más admire la niña que fui una vez. Quiero ser, todos los días de mi vida, yo misma, aunque eso me ponga al margen de los caminos trazados por otros a quienes yo no conocí. Quiero ser la mujer que enseñe a mis hijos a ser auténticos, originales, irrepetibles. Quiero amarme a pesar de mis defectos y darme el permiso de amar otros. Quiero ser feliz. Quiero llorar o reír a mis horas, aunque el mundo me diga que es inapropiado.

En fin, quiero ser muchas cosas, todas a la vez y una por una y un día que puede ser mañana, cuando esté frente a mi creador, voy a poder decirle que fui todo lo que pude, que lloré de emoción con los amaneceres, que reí a carcajadas en los funerales, que celebré mis desaciertos, fracasos y mis días grises, que oré y sentí pánico en mis triunfos, que me callé y que grité, que escribí para sanar mi alma y sané las de otros. Que fui mala, que fui buena, que fui loca y fui cuerda, que fui alegre y que fui melancólica, que fui práctica y melodramática, que fui muda y que fui cantante, que fui poeta y analfabeta, que viví y que maté, que herí y que sané, que olvidé y que recordé.

Quiero ser yo, aunque eso signifique no ser la más buena, ni la más acertada.
Yo soy Stephanie. A veces soy algunas cosas, suelo cambiar con bastante frecuencia, de rumbo de ideas, lo que creía ayer puede ser que hoy no lo crea, lo que fui ayer, tal vez, no lo sea mañana. Tengo montones de defectos y un sinfín de virtudes.

Voy rumbo a encontrarme a mí misma. Me gusta lo que veo en la distancia.
Les deseo un buen viaje.

07 de julio 2013