Entre
tantas frases de Neruda (y poemas y odas y un sin fin de letras), hay
una que está llamando, poderosamente, mi atención.
Dice lo
siguiente: "Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar
indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser
la más feliz o la más amarga de tus horas".
Desde los anales de la
historia el hombre ha tratado de responder una serie de preguntas sobre
su origen, su función y su destino. Y la más apremiante de ellas ha sido
¿Quién soy?.
Es fácil hacer la pregunta y la sociedad nos lanza una
serie de etiquetas y patrones en los que nos obligamos a calzar, sin
lograrlo del todo. Nos torturamos, mutilamos y retorcemos para
adaptarnos a las exigencias de no se sabe quien.
No sé
ustedes, pero cuándo era una niña , tenía claro quién era y lo que
quería. Si algún profesor con aires de sabelotodo me hacia un test de
personalidad y preguntaba quién era yo, yo respondía que era Stephanie y
quedaba satisfecha aunque mi profesor tachase la respuesta.
El
punto es que cuando somos niños no nos obligamos a encajar en etiquetas
porque no es nuestra naturaleza, pero al ir creciendo aprendemos que
cuando somos auténticos el mundo puede darnos la espalda y quitarnos su
amor.
Es difícil, después de adultos, mirarnos a nosotros
mismos, evitando ponernos etiquetas de "Soy gordo", "Soy buena", "Soy
torpe", "No sé esto o aquello" y aceptar el ser perfecto que Dios creó y
que somos.
Reconocernos, aceptarnos y aprobarnos es una tarea casi
imposible si nos dejamos llevar por los estándares de afuera y seguimos
atropellando al niño que una vez fuimos y que sabe muy bien quién es.
No sé ustedes, pero yo quiero ser la mujer que más admire la niña que
fui una vez. Quiero ser, todos los días de mi vida, yo misma, aunque eso
me ponga al margen de los caminos trazados por otros a quienes yo no
conocí. Quiero ser la mujer que enseñe a mis hijos a ser auténticos,
originales, irrepetibles. Quiero amarme a pesar de mis defectos y darme
el permiso de amar otros. Quiero ser feliz. Quiero llorar o reír a mis
horas, aunque el mundo me diga que es inapropiado.
En fin,
quiero ser muchas cosas, todas a la vez y una por una y un día que puede
ser mañana, cuando esté frente a mi creador, voy a poder decirle que
fui todo lo que pude, que lloré de emoción con los amaneceres, que reí a
carcajadas en los funerales, que celebré mis desaciertos, fracasos y
mis días grises, que oré y sentí pánico en mis triunfos, que me callé y
que grité, que escribí para sanar mi alma y sané las de otros. Que fui
mala, que fui buena, que fui loca y fui cuerda, que fui alegre y que fui
melancólica, que fui práctica y melodramática, que fui muda y que fui
cantante, que fui poeta y analfabeta, que viví y que maté, que herí y
que sané, que olvidé y que recordé.
Quiero ser yo, aunque eso signifique no ser la más buena, ni la más acertada.
Yo soy Stephanie. A veces soy algunas cosas, suelo cambiar con bastante
frecuencia, de rumbo de ideas, lo que creía ayer puede ser que hoy no
lo crea, lo que fui ayer, tal vez, no lo sea mañana. Tengo montones de
defectos y un sinfín de virtudes.
Voy rumbo a encontrarme a mí misma. Me gusta lo que veo en la distancia.
Les deseo un buen viaje.
07 de julio 2013