Después de todo, los capullos no deben ser muy cómodos.
La pobre oruga ha de estar un poco apretada.
De seguro está tibia y segura,
Pero apretada.
Por eso prefiero a las mariposas.
Ellas pueden ir de flor en flor,
Pavoneando su hermosura
Y jugando con los rayos del sol.
Han de enfrentarse a unas cuantas ráfagas de viento,
Y tal vez a la lluvia,
O peor aún, a algún pobre niño sin alma
Que quiera jugar con sus alas.
Pero ese, señores, es el milagro de estar vivo.
Nos enfrentamos a un mundo, que unas veces,
Quiere devorarnos y otras llenarnos de dicha.
Yo, en resumen, prefiero ser una mariposa con las alas
rotas
a ser una oruga cómodamente paralizada en un cálido
capullo.
12 de diciembre 2007
