miércoles, 8 de febrero de 2017
miércoles, 28 de diciembre de 2016
Testigo ilegítimo
La sangre huyó de mis labios.
Sentí como mis manos se iban helando.
Era casi imposible moverme.
El tiempo y el espacio se alteraron.
Tu padre no apartaba su vista de ti.
Yo trataba de cubrir tus heridas, como si con taparlas dejaran de doler.
Mi voz rompe cadenas, ahuyenta a los demonios,
pero esa mañana no lograba salir de mi garganta.
Te observé apretar la mano de tu padre,
fui testigo de tu último suspiro.
Corrimos tratando de atraparlo,
entré a la sala contigo.
Vi a los médicos luchando, heroicos.
Pero nadie logró devolverle el aliento a tus pulmones,
el latido a tu corazón.
No se rasgó el cielo, no se detuvo la tierra.
Nada, no pasó nada.
Una mujer habló:
"Hay que declararlo"
Alguien respondió:
"01:35"
Yo fui testigo ilegítimo.
Ellos no sabían que estaba allí.
Me acerqué.
Pedí permiso para acercarme a ese cuerpo que conocía mejor que al mío,
pregunté si podía limpiarte...
Fueron mis manos las que retiraron cada aguja, cada venda.
Ayudé a cubrir tu cuerpo con sábanas azules,
dije tu nombre un millón de veces, lo escribí cuantas veces lo pidieron.
Mis manos temblaban más de lo que yo esperaba.
Colocaron una etiqueta con tu nombre sobre tu cuerpo.
Y empezaste a dejar de ser tú.
Marché a tu lado.
Te rendí honores.
Mis pasos fueron firmes y seguros.
La muerte no se iba.
Se plantó tan eterna como de costumbre.
Pretendían que abandonara tu cuerpo en el reino de los muertos
a merced de las moscas.
Sólo recuerdo sentarme allí, sobre un escritorio gris.
Llegaron a buscar tu cuerpo.
Lo metieron en una bolsa azul...
En una bolsa.
En una bolsa.
Tu cuerpo, mi cuerpo, ese cuerpo...
Cruzamos la ciudad.
Fuimos a dar a la siguiente morada de la muerte.
Me prohibieron el paso.
Cerraron las puertas y aunque mis pulmones funcionaban, sentía la asfixia de tu cuerpo.
Sentí como mis manos se iban helando.
Era casi imposible moverme.
El tiempo y el espacio se alteraron.
Tu padre no apartaba su vista de ti.
Yo trataba de cubrir tus heridas, como si con taparlas dejaran de doler.
Mi voz rompe cadenas, ahuyenta a los demonios,
pero esa mañana no lograba salir de mi garganta.
Te observé apretar la mano de tu padre,
fui testigo de tu último suspiro.
Corrimos tratando de atraparlo,
entré a la sala contigo.
Vi a los médicos luchando, heroicos.
Pero nadie logró devolverle el aliento a tus pulmones,
el latido a tu corazón.
No se rasgó el cielo, no se detuvo la tierra.
Nada, no pasó nada.
Una mujer habló:
"Hay que declararlo"
Alguien respondió:
"01:35"
Yo fui testigo ilegítimo.
Ellos no sabían que estaba allí.
Me acerqué.
Pedí permiso para acercarme a ese cuerpo que conocía mejor que al mío,
pregunté si podía limpiarte...
Fueron mis manos las que retiraron cada aguja, cada venda.
Ayudé a cubrir tu cuerpo con sábanas azules,
dije tu nombre un millón de veces, lo escribí cuantas veces lo pidieron.
Mis manos temblaban más de lo que yo esperaba.
Colocaron una etiqueta con tu nombre sobre tu cuerpo.
Y empezaste a dejar de ser tú.
Marché a tu lado.
Te rendí honores.
Mis pasos fueron firmes y seguros.
La muerte no se iba.
Se plantó tan eterna como de costumbre.
Pretendían que abandonara tu cuerpo en el reino de los muertos
a merced de las moscas.
Sólo recuerdo sentarme allí, sobre un escritorio gris.
Llegaron a buscar tu cuerpo.
Lo metieron en una bolsa azul...
En una bolsa.
En una bolsa.
Tu cuerpo, mi cuerpo, ese cuerpo...
Cruzamos la ciudad.
Fuimos a dar a la siguiente morada de la muerte.
Me prohibieron el paso.
Cerraron las puertas y aunque mis pulmones funcionaban, sentía la asfixia de tu cuerpo.
Todo eso ocurrió hace mil años, o una semana...
No estoy segura.
Como te dije, el tiempo y el espacio fueron alterados.
Sólo sé que el cielo parece inmutable ante esta locura.
El Tocuyo, 28 de diciembre de 2016.
viernes, 23 de diciembre de 2016
Soneto XVII
No te amo como si fueras rosa de sal, topacio
o flecha de claveles que propagan el fuego:
te amo como se aman ciertas cosas oscuras,
secretamente, entre la sombra y el alma.
Te amo como la planta que no florece y lleva
dentro de sí, escondida, la luz de aquellas flores,
y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo
el apretado aroma que ascendió de la tierra.
Te amo sin saber cómo, ni cuándo, ni de dónde,
te amo directamente sin problemas ni orgullo:
así te amo porque no sé amar de otra manera,
sino así de este modo en que no soy ni eres,
tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía,
tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño.
(Pablo Neruda)
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martes, 20 de diciembre de 2016
Alucinación
Ya no te escribo.
Ya no te pienso.
No acierto los recuerdos.
A veces eres alto, otras no.
Creo que olvidé tu voz.
El odio y el rencor se fueron de viaje.
Ya no tenemos ni eso.
¿Cómo se puede llegar a esta indiferencia?
Somos dos extraños.
Yo gané.
Perdón.
Nunca fue una pelea justa.
No quedó nada.
Ni siquiera una estrella alumbra con tu luz, con nuestra luz.
Somos dos extraños.
No queda nada en pie.
Todo parece un sueño lejano.
La alucinación de un moribundo.
Ya no te pienso.
No acierto los recuerdos.
A veces eres alto, otras no.
Creo que olvidé tu voz.
El odio y el rencor se fueron de viaje.
Ya no tenemos ni eso.
¿Cómo se puede llegar a esta indiferencia?
Somos dos extraños.
Yo gané.
Perdón.
Nunca fue una pelea justa.
No quedó nada.
Ni siquiera una estrella alumbra con tu luz, con nuestra luz.
Somos dos extraños.
No queda nada en pie.
Todo parece un sueño lejano.
La alucinación de un moribundo.
El Tocuyo, 19 de noviembre de 2016.
jueves, 8 de diciembre de 2016
Hombre de las siete leyes.
Gracias por conjurar el hechizo que atrapó mi atención.
Gracias por tus ojos espectaculares, chispeantes, enteramente mágicos.
Gracias por tu cuerpo hecho a mano por algún dios del Olimpo.
Gracias por tus manos poderosas y sabias.
Gracias por aparecer. Gracias por no dejarme ignorarte.
Gracias, gracias, gracias...
Eres perfecto. Espectacular. Absolutamente deseable.
Gracias por venir a abrir las puertas.
Gracias.
Bendigo tu llegada y te deseo lo mejor.
Gracias hombre de las siete leyes.
Barquisimeto, 09 de noviembre de 2016.
P.D.
Porque es hora de volver a florecer.
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jueves, 24 de noviembre de 2016
Epílogo
Por eso algunos somos poetas y otros no…
Porque donde los primeros vemos naciones,
Los otros no ven a nadie.
Y donde hay multitudes yo puedo ver soledades.
Epílogo
Señores, ya no hay “Nada” que escribir.
“Nadie” se volvió tan genérico que no vale la pena
escribirles
De Nada ni de Nadie.
Por eso, este es el fin de este libro.
13 de
julio 2010
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Polvo eres y polvo serás
Nos dejaste un legado de polvo y
gusanos.
No más.
Eso fue lo que quedó de ti.
¿Dónde quedaron las risas?
No podías dejar más que escombros,
porque eso eres.
No se puede dar lo que no se tiene.
Tú no tienes Amor.
No tienes idea de con qué se come eso.
Miércoles, 20 de julio 2010
No más.
Eso fue lo que quedó de ti.
¿Dónde quedaron las risas?
No podías dejar más que escombros,
porque eso eres.
No se puede dar lo que no se tiene.
Tú no tienes Amor.
No tienes idea de con qué se come eso.
Miércoles, 20 de julio 2010
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