Era bello. ¡Bellísimo!
Rojo intenso, forma perfecta:
¡Perfectísima!
Y mi gula aumentaba.
Pero al partirlo en dos.
¡Pobre!
Un gusano inmisericorde le había comido el corazón...
Pobre de él, que era hermoso por fuera y vacío por
dentro.
Pobre de mí, que me dejé llevar por su aparente
perfección.
Pobre de mi gula que quedó insatisfecha.
Pobre de aquel gusano que por saciar
Su más básica necesidad,
Destrozó el corazón de aquel hermoso ejemplar.
Y mientras mi hermana cocinaba,
Lloré en silencio por la desgracia de aquel tomate.
6 de noviembre 2007

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