Creo que ser valiente es escuchar a tu corazón y serle leal contra todo pronóstico.
No creo que exista una ecuación universal con la que se pueda establecer si determinada persona, en determinadas circunstancias, es o no valiente.
Conozco grandes héroes que tiemblan ante una cucaracha y personas indiferentes, que nunca han amado, que no conocen el miedo profundo de perder el objeto de su amor, que van por la vida creyendo ser valientes, cuando solo son apáticos de oficio.
Creo que amar es un acto de valor, exponer tu alma sin garatías de nada.
Un acto de valor es hablar, decir lo que piensas, sinceramente, quedarte con el alma tranquila y asumir la responsabilidad de lo que dijiste.
Respeto profundamente a quienes parecen ir contracorriente, pero OJO, no a los rebeldes sin causa, hablo de aquellos que hablan de cosas importantes aunque causen roce, que se visten diferente, que se peinan diferente, esas personas a las que les preguntan cómo está la temperatura del agua y se zambullen sin pensarlo.
Yo creo en el Dios de los valientes, no creo en un dios de comodones que se aglomeran y se transforman en una masa amorfa donde nadie se atreve a salirse de la pauta.
Yo creo que es valiente todo el lucha contra sus defectos, pero también creo que se necesita valor para aceptarlos y sentarse a la mesa con los demonios personales para llegar a una tregua cuando la batalla se ha extendido más de lo necesario y nuestro coraje ya se puso de manifiesto.
Creo en los valientes anónimos.
Creo que es de valientes cambiar, ser flexibles por firme propósito de la voluntad.
Ser valiente... es asumir los riesgos de estar vivo y creer que de alguna manera todo estará bien.
Es lanzarte al vacío esperando que se abran tus alas.
El Tocuyo, 08 de Febrero de 2015.


