Declaración.
Anoche, dando vueltas en la cama.
Repasando algunas cosas que sucedieron durante la semana, llegué a una gran conclusión.
Y he aquí lo que comprendí:
- Me amo, me respeto y mantengo un diálogo abierto, sincero y afectuoso conmigo misma, para poder actuar conforme a lo que dice mi corazón. Así si algunas cosas no salen de la manera esperada, estoy en la total libertad de decirme: "Tomaste decisiones que no te llevaron al resultado esperado, pero fueron tus decisiones. Ahora, paga la sanción, aprende la lección y sigue adelante". Eso es libertad y respeto.
- Aprecio mis virtudes y acepto mis manías. Tan básico como eso. No niego ni lo uno ni lo otro, y estoy en la capacidad de recibir correcciones y halagos con el mismo amor.
- Mi camino es mío. Sólo yo he de transitarlo. Al final del día estamos Dios y yo. No hay más nada. No está más nadie. Así que no quiero ni puedo permitir que sean terceros quienes impongan el ritmo o tracen el rumbo. No es egoismo, es que irrespetarme en esto es una vejación que no planeo volver a cometer.
- Soy una mujer altamente capacitada. Lo sé. Y por esta razón me doy mi lugar en el mundo.
- Que en mi vida, sólo hay espacio para personas que sean capaces de entender que mi libertad no es falta de afecto hacia el resto de la humanidad, en especial para mis seres amados.
- Que mis decisiones por extrañas que parezcan son mías y no espero que aprobación de nadie, aunque no niego que una palmada en el hombro puede alentar mucho.
- Que he de recorrer los caminos que mi alma necesite recorrer y no habrá apego ni miedo que me convenza de lo contrario.
- Que creo en Dios. Y mi Dios no es el Dios malvado que castiga cualquier falta. Es un Dios-Padre que tiene brazos fuertes para proteger y suaves para acurrucar. Es un Dios guerrero que me guía y me acompaña en cada una de mis conquistas. Que sostiene mi espada en las batallas y es mi escudo contra las flechas de mis adversarios.
- Que soy feliz, no porque en mi vida todo sea perfecto, sino por firme compromiso de la voluntad. Que mi felicidad no es la del animal sano, es la del alma que camina segura de ser real. Y nada real puede ser amenazado.
- Que quiero compartir mis triunfos y días de rutina con un alma que pueda aceptar la mía. Que ame mis locuras y travesuras, tanto como mis interminables horas de lectura y mis disertaciones sobre casi cualquier tema. Que soporte mis brincos de impaciencia y mis siestas. Que a cambio amaré sus manías y me sentiré orgullosa de sus virtudes, que jamás lo culparé de mis desiciones, que compartiré con él mis chocolates, la pasta y hasta las aceitunas de mis hallacas.
- Declaro que creo en el amor y que me acerco a él tan rápido como mis pasos me lo permiten y sé que el hombre que me ama también viene rumbo a mi vida.