Sumergirme en el mar de mis emociones, no es una de mis cosas favoritas en el mundo.
Según la astrología occidental, tengo al Sol en Virgo, mi ascendente es Géminis, tengo a Júpiter en Acuario, a Mercurio en Leo y mi Luna nació en Capricornio.
Según mi querida Natalia Nanetti, eso quiere decir que yo soy mental y después sigo siendo mental.
Así que aunque mis emociones son intensas debo sumergirme realmente a profundidad para ir a su encuentro.
Me duele. Literalmente experimento dolor físico en el proceso de mirar y trabajar mi emocionalidad estancada.
Mis bloqueos y miedos se somatizan y siento frío y calor a la vez.
Meditar es una pesadilla porque abro portales que me asustan. Sueño... O viajo mientras duermo, no sé.
No voy a mentir, en ocasiones vuelvo a la orilla del lago y me quedo echada en mi procastinación.
No tengo moral para decirle a nadie que se lance al agua...
Yo no me he sumergido como debería, no logro comprender las aguas ni dejarme arrastrar por ellas. Todavía hago todo esto desde la lucha.
Estoy en un punto en el que me siento un total extraterrestre, inadaptada a este cuerpo, a esta vida, a este planeta.
No estoy segura de querer ser como los dormidos, pero aún no soy de los despiertos
La meta es ser feliz y este proceso (que con frecuencia me lanza al mismísimo averno), es lo que mi alma me pide.
Sigo en la orilla incorrecta... Sé que cruzaré, pero hoy no. Me siento agotada.
Stephanie Ochsner 09 de Mayo 2019
Foto de @lifeofthoms

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