No me pienses.
No me hables, ni me escuches,
No me mires y ni sueñes con tocarme.
No reces por mí en las noches.
Queda terminantemente prohibido extrañarme
Y más aún amarme.
Que nadie me nombre.
Señoras y señores: ¡Olvídenme!
Entierren mi recuerdo en el templo de la memoria.
Imaginen que sólo fui un sueño de una tarde calurosa,
Porque desde hoy…
Está prohibido amarme.
8 de mayo 2009
¡Qué egoísta eres!
Soy prisionera de Eros…
Ágape, ¿Dónde estás?

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